Hace mucho, mucho tiempo, un hombre llamado Noé amaba mucho a Dios. Un día, Dios le dijo algo sorprendente: «Construye un barco grande, Noé. Un barco muy, muy grande».
Noé miró al cielo. Estaba azul y soleado. ¡No había agua por ningún lado cerca de su casa! Pero Noé confiaba en Dios, así que tomó su martillo y empezó a construir.
Toc, toc, toc. Día tras día, el arca se hizo más alta que los árboles. Después llegaron los animales, de dos en dos —elefantes y ratones, jirafas y saltamontes— subiendo por la rampa.
Llovió y el arca flotó a salvo. Cuando por fin bajó el agua, Noé abrió la puerta y todos salieron al sol.
Dios pintó un arcoíris en el cielo. Era una promesa: «Siempre cuidaré de ustedes». Y cada vez que vemos un arcoíris, podemos recordar esa promesa.